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Entre el sepia y la vida
| Indice del artículo |
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| Entre el sepia y la vida |
| Capítulo II |
| Capítulo III |
| Capítulo IV |
| Capítulo V |
| Capítulo VII |
| Capítulo VIII |
| Capítulo IX |
| Capítulo X |
| Todas las páginas |
CAPÍTULO I
(15/03/2010)
Siempre se le arremolinaba el flequillo con la brisa. Melania se sentaba cada atardecer en el porche a contemplar la despedida del sol. Un cigarrillo negro y un vasito de té moruno eran sus únicos compañeros en aquel lugar. Adoraba la casa de la playa. Después del divorcio había encontrado la calma que hacía tantos años había estado jugando con ella al escondite.
Amaba el silencio. Cerrar los ojos y escuchar el inquietante rumor de las olas, constituían el gran tesoro de su vida.
Una vez la caída del sol daba paso a la oscuridad estrellada, entraba en casa y se dirigía al sofá. Encendía el portátil y revisaba la cuenta de correo del trabajo. Anotaba los nuevos encargos en la agenda electrónica y las citas programadas por su agente.
Trabajaba un par de horas arreglando fotos de diferentes trabajos o de alguna exposición próxima. Después se dirigía a la cocina, donde se preparaba un emparedado, abría una cerveza y regresaba al sofá. Cumplía con el ritual de quince minutos de zapping y apagaba el televisor. Recogía la mesa y entraba de lleno en la red.
Aquella noche de mayo se presentaba algo fresca, decidió taparse con una suave manta que imitaba la piel de leopardo, ahuecó un par de cojines y se extendió a lo largo del sofá con el portátil apoyado sobre barriga y piernas. Era el momento del ritual de paso al mundo virtual. Se sumergía hasta que perdía el contacto con la realidad.
Amigos, amigas, amantes, corazones expectantes, aprovechados, desesperados, salvadores y verdugos con sus vidas invisibles, desde las que emanaba tanta fuerza que a veces las lágrimas y las gotas de sudor traspasaban la fría pantalla del ordenador.
Cuando le comenzaba a asustar que esa dimensión la engullese, sólo tenía que descalzarse, salir de la casa y hundir los pies en la arena, aquello volvía a conectarla con lo natural, con lo que generalmente se considera certero, entre el sepia y la vida.
Era el momento de abrir la cuenta de correo personal. Esperaba noticias de varios amigos, sobre todo de uno en particular, Leo_37. La noche anterior la había dejado preocupada. Lo sentía triste, desganado, y no veía la hora de volver a saber de él. Doce correos por abrir, a ver, a ver, pues no, ninguno suyo.
Tres de su agente, que al parecer no tenía bastante con tenerla gran parte del día enganchada al móvil con buenas y regulares noticias, que además invadía parte de su correo personal con historias de trabajo. Prisas, recordatorios, la mayoría del tiempo aquella mujer estaba acelerada e inquieta. Por eso contrató a Lola, para pagarle por recuperar la paz en su vida. Algo había conseguido, contando con la rebeldía de apagar el móvil cuando le daba la gana y hacer que su agente tuviera que desplazarse a hablar con ella si era algo urgente.
Melania tenía ahora su universo, y no estaba dispuesta a consentir que se lo arrebatara nada, ni nadie, incluso aunque de ello dependiera el tener la nevera llena de comida. Aunque a veces se sintiese mangoneada, quería que sus preocupaciones se limitasen a hacer bien su trabajo y retroalimentarse de sus amigos en la red.
En un tiempo no muy lejano tomaba pastillas para dormir, para despertarse, para tranquilizarse, para continuar andando simplemente, sin volverse loca. Ahora vivía con los horarios que su propia naturaleza le marcaba. Excepto en época de exposiciones, entrevistas y conferencias, en las que se volvía a subir en los tacones, desempolvaba el maquillaje y pasaba por la peluquería a esconder canas. Ahí es donde fingía Melania ser una persona normal, adaptada al ritmo de vida de la sociedad. Se comportaba cortés, amable y se dejaba llevar de un lugar a otro, firmando autógrafos y haciendo como que escuchaba las alabanzas y piropos de seguidores de su obra y pelotas de turno.
Después de esos días acelerados de compromiso y promoción, se alejaba a toda prisa, desandando la distancia hasta fundirse felizmente con su sofá de la playa.
¿Por qué no le había dejado ningún correo diciendo “estoy bien, no te preocupes princesa”?
Cuatro correos de su hermano Andrés, que no solía abrir pues eran reenvíos de bromas y pps sobre tíos buenorros, se ve que no se resignaba a que su hermana continuara la vida sin un hombre.
Dos correos del amigo Fito, el escritor, lo cual suponían un par de nuevos relatos o poemas para leer.
Por último, uno de su ex, ¡qué extraño!, ¡cuánto tiempo sin tener noticias de él! ...
Te ha gustado?, te ha sabido a poco?, no te preocupes, la próxima semana podrás disfrutar de una nueva entrega de esta impactante novela online.
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